Durante el
reinado del emperador Justiniano (527 – 565) se llevó a término una política
expansionista por el Mediterráneo occidental, con el afán de resucitar una
parte del Imperio Romano perdido y anexionado al Imperio Bizantino. Con esta
intención se conquistó toda Italia, así como la parte sudeste de la Península
Ibérica y del norte de África.
Esta política
expansionista fue acompañada de una intensa actividad artística, en la cual la
pintura y los mosaicos tuvieron una importancia singular. Los mosaicos que
decoran el interior de la iglesia de San Vitale de Rávena son uno de los
mejores ejemplos del arte bizantino.
Las dos
representaciones muestran una clara composición frontal a la manera de friso.
Los personajes mantienen entre sí una proporcionalidad naturalista y prescinden
de la perspectiva jerárquica. Para dotar de una mayor notoriedad a las figuras
más relevantes de Justiniano y Teodora, ambos se sitúan más o menos en el eje
central compositivo, llevan una túnica oscura y una riqueza superior de
complementos, y están coronados por una aureola de santidad.
La concepción
de las figuras principales es hierática y rígida, rasgos que están acentuados
por los pliegues de la ropa y por la idealización de los rostros.
Ambos mosaicos
están dominados por un fondo dorado atemporal que imprime a la escena una mayor
sensación de solemnidad. También se puede apreciar una voluntad realista en el
hecho de diferenciar el suelo de color verde y colocar en la composición algunos
elementos arquitectónicos. En el panel de Teodora, se intuye un fallido intento
de perspectiva, porque se ha situado una fuente delante de la puerta de una
habitación, cuyo interior aparece detrás de la cortina que abre uno de los
personajes.
También se
utiliza la perspectiva escalonada o isocefalia (superposición de cabezas de
iguales dimensiones) en la representación de los personajes secundarios:
soldados y damas de honor.
El cromatismo
en ambos casos es muy rico en matices y tonalidades y destaca la variedad de
motivos decorativos de algunas túnicas.
Estos dos
paneles de mosaico conmemoran las ofrendas de la patena y el cáliz de oro que
el emperador Justiniano y su esposa, Teodora, donaron al obispo Maximiliano, en
el año 547, con motivo de la consagración de la iglesia de San Vitale de
Rávena.
Justiniano va
acompañado, a su izquierda, por Belisario, conquistador de la ciudad de Rávena,
y el propio Maximiliano, mostrando una cruz, otro religioso con un libro y un
tercer religioso con una corona votiva.
A la derecha
del emperador se encuentran dos representantes de la nobleza no identificados y
varios soldados. Uno de ellos sostiene un escudo con el crismón, símbolo de
Cristo en la Iglesia primitiva y medieval formado por las dos primeras letras
de su nombre en griego, X y P.
Teodora va
acompañada por sus damas de honor, y quizá la que está más próxima a la
emperatriz sea Antonina (esposa de Belisario); hay también dos funcionarios.


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