domingo, 24 de noviembre de 2013

Pirámides de Gizeh

Título: Pirámides de Gizeh, de los faraones de Keops, Kefrén y Micerinos
Autor: Hemiunu (Kéops)
Cronología: 2551 – 2494 a.C.
Estilo: egipcio
Tipología: tumba
Materiales: bloques de piedra de las montañas del sur de Egipcio
Localización: a las afueras de la ciudad de Gizeh, a 20 km de El Cairo

Las pirámides eran monumentos de carácter religioso construidos para albergar las tumbas de los faraones. Durante la dinastía IV se construyó un magnífico conjunto funerario, la necrópolis de Gizeh, a pocos kilómetros de El Cairo.
La pirámide de Keops mide 233 m. Fue realizada con más de dos millones de bloques de piedra de dos toneladas cada uno. En su interior hay varios corredores, falsas estancias y trampas. Al norte se encuentra la entrada, y de allí sale un corredor que se divide en dos: en sentido descendente, una galería conduce a la cámara subterránea; en sentido ascendente, se accede a la gran galería, desde donde se llega a la cámara de la reina, a la antecámara y a la cámara del faraón, situada en al centro de la pirámide.
La pirámide de Kefrén miden unos 140 m de altura. Igual que la de Keops, estaba revestida de granito rosa y rematada con placas de oro. Junto a esta pirámide se encuentra la Esfinge de Gizeh, probablemente el retrato de un faraón representado con cuerpo de león.
La pirámide de Micerinos es la más pequeña y guarda la misma disposición que las anteriores. En el centro de la pirámide se hallan las sepulturas del faraón y de su esposa, así como los dobles de los difuntos.
Además de contar con un palacio y otras pirámides secundarias que eran sepultura de reinas, este recinto tenía un espacio diferenciado para los artesanos y los constructores, en el que se hallaban también los servicios básicos y las tumbas.



La función principal de la pirámide era la de acoger el cuerpo del faraón junto a sus pertenencias y objetos que le aseguraban la vida en el más allá. Para conseguir la resurrección, el cuerpo del difunto debía mantenerse incorrupto y por ello se llevaba a cabo un complejo proceso de momificación. A lo largo del ritual funerario se procedía a la extracción de las vísceras del cadáver, excepto el corazón con la finalidad de recordar al difunto que no debía mentir cuando compareciera ante Osiris para ser juzgado.

Los órganos extraídos, salvo el cerebro, se guardaban en los vasos canopes, unas jarras en cuyas tapas se representaba a los cuatro hijos de Horus.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Sarcófago de los esposos

La civilización etrusca se desarrolló en la península Itálica, concretamente en el territorio de la actual Toscana, entre los siglos X y II a.C. Este pueblo, de origen probablemente oriental, aglutina la tradición cultural y artística de las civilizaciones del Próximo Oriente y mediterráneo.
El arte etrusco estuvo profundamente marcado por las creencias religiosas. Daba mucha importancia a la vida después de la muerte; por ello tenía la costumbre de perpetuar  la memoria del difunto mediante máscaras de cera del muerto o con las urnas funerarias donde se guardaban las cenizas.

Sólo las familias pertenecientes a la aristocracia disponían de medios económicos suficientes para poder construir sepulcros donde enterrar a sus familiares.
El Sarcófago de los esposos está realizado en terracota. La tapa tiene forma de Kliné (cama); encima, sobre el lecho esculpido, se hallan las figuras reclinadas de un hombre y una mujer en actitud plácida y amable. Él, detrás de la mujer, se presenta fuerte y protector; muestra el pecho desnudo, va descalzo y lleva el cabello tirado atrás y ceñido a la manera del pueblo jónico. La mujer va vestida con una larga túnica griega, lleva unos zapatos acabados en punta y se cubre la cabeza con una gorra frigia bajo la cual asoman unas largas trenzas.
La relación afectuosa entre ellos se transmite a partir de los gestos de las manos. El hombre apoya el brazo derecho sobre el hombro de la mujer, mientras su mano izquierda queda extendida en actitud afable por delante.
Los rostros presentan un claro perfil geometrizante y hierático en el que destacan la forma almendrada de los ojos, la barbilla puntiaguda y la sonrisa estereotipada.
Los pequeños restos de policromía que todavía conservan las figuras, los cojines y los vestidos de este grupo escultórico, hacen pensar que el conjunto estuvo pintado con unos colores muy vivos.
Este tipo de sarcófago tenía la función de guardar las cenizas de la persona fallecida, que eran depositadas en la parte posterior una vez acabado el ritual de incineración.

Se cree que este sarcófago es el de un matrimonio. Los esposos están representados celebrando un banquete, conversando relajadamente. La esposa ocupa el primer término, porque la mujer etrusca no estaba marginada en la vida social, a diferencia de lo que sucedía con las mujeres griegas y romanas, que se mantenían subordinadas al hombre. En la civilización etrusca, la mujer participaba activamente en la vida pública y asistía a fiestas, banquetes y juegos gimnásticos.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Las Tres Gracias

Inspirado en los modelos de la antigüedad clásica, Rubens mantiene una composición tradicional y presenta a las tres gracias formando un círculo compacto, de manera que una de ellas da la espalda al espectador. Sobre sus cabezas aparece una frondosa guirnalda de flores y un putto o angelito que vierte agua con un cuerno de la abundancia. Al fondo, un paisaje idílico y minucioso se acentúa todavía más la belleza del conjunto.
En cuanto a la estructura interna, el pintor flamenco da una especial importancia a la relación existente entre las figuras, porque, aparte de estar conectadas físicamente por los brazos y por el fino velo que las envuelve, también están vinculadas a través de la mirada, detalle que refuerza la unidad del grupo.
Otro aspecto relevante del cuadro es el gran dinamismo que consigue la escena, gracias a la interacción que muestran los personajes entre sí, a su movimiento corporal y al predominio de la línea curva y sinuosa en sus siluetas. Este último aspecto ayuda al pintor a reforzar la sensualidad de la escena, complementándola perfectamente con el tenue foco lumínico que envuelve las figuras, con un juego armonioso de claroscuros que consigue resaltar la blancura de sus cuerpos.

El cromatismo de Las tres gracias se fundamenta en el uso de las tonalidades pálidas, sin estridencias, tanto en las figuras como en el fondo, dominado por los ocres y los verdes.
En la mitología grecorromana, las tres gracias eran la personificación de la belleza, Aglae Eufrosime y Talía, eran hijas de Zeus y de la ninfa Eurynome, y presidían fiestas y banquetes danzando al servicio de los dioses, acompañando normalmente a Afrodita (diosa del amor).
Rubens utilizó esta temática para mostrar uno de los mejores ejemplos del ideal de belleza femenina de la época. En sus rostros algunos críticos han querido reconocer las facciones de las dos esposas del pintor: Isabella Bandt, a la derecha, y Hélène Fourment, a la izquierda.