Título:
Pirámides de Gizeh, de los faraones de Keops, Kefrén y Micerinos
Autor: Hemiunu
(Kéops)
Cronología:
2551 – 2494 a.C.
Estilo:
egipcio
Tipología:
tumba
Materiales:
bloques de piedra de las montañas del sur de Egipcio
Localización:
a las afueras de la ciudad de Gizeh, a 20 km de El Cairo
Las pirámides
eran monumentos de carácter religioso construidos para albergar las tumbas de
los faraones. Durante la dinastía IV se construyó un magnífico conjunto funerario,
la necrópolis de Gizeh, a pocos kilómetros de El Cairo.
La pirámide de
Keops mide 233 m. Fue realizada con más de dos millones de bloques de piedra de
dos toneladas cada uno. En su interior hay varios corredores, falsas estancias
y trampas. Al norte se encuentra la entrada, y de allí sale un corredor que se
divide en dos: en sentido descendente, una galería conduce a la cámara
subterránea; en sentido ascendente, se accede a la gran galería, desde donde se
llega a la cámara de la reina, a la antecámara y a la cámara del faraón,
situada en al centro de la pirámide.
La pirámide de
Kefrén miden unos 140 m de altura. Igual que la de Keops, estaba revestida de
granito rosa y rematada con placas de oro. Junto a esta pirámide se encuentra
la Esfinge de Gizeh, probablemente el retrato de un faraón representado con
cuerpo de león.
La pirámide de
Micerinos es la más pequeña y guarda la misma disposición que las anteriores.
En el centro de la pirámide se hallan las sepulturas del faraón y de su esposa,
así como los dobles de los difuntos.
Además de
contar con un palacio y otras pirámides secundarias que eran sepultura de
reinas, este recinto tenía un espacio diferenciado para los artesanos y los
constructores, en el que se hallaban también los servicios básicos y las
tumbas.
La función
principal de la pirámide era la de acoger el cuerpo del faraón junto a sus
pertenencias y objetos que le aseguraban la vida en el más allá. Para conseguir
la resurrección, el cuerpo del difunto debía mantenerse incorrupto y por ello
se llevaba a cabo un complejo proceso de momificación. A lo largo del ritual
funerario se procedía a la extracción de las vísceras del cadáver, excepto el
corazón con la finalidad de recordar al difunto que no debía mentir cuando
compareciera ante Osiris para ser juzgado.
Los órganos
extraídos, salvo el cerebro, se guardaban en los vasos canopes, unas jarras en
cuyas tapas se representaba a los cuatro hijos de Horus.


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