martes, 10 de diciembre de 2013

Mosaicos de Justiniano y Teodora

Durante el reinado del emperador Justiniano (527 – 565) se llevó a término una política expansionista por el Mediterráneo occidental, con el afán de resucitar una parte del Imperio Romano perdido y anexionado al Imperio Bizantino. Con esta intención se conquistó toda Italia, así como la parte sudeste de la Península Ibérica y del norte de África.
Esta política expansionista fue acompañada de una intensa actividad artística, en la cual la pintura y los mosaicos tuvieron una importancia singular. Los mosaicos que decoran el interior de la iglesia de San Vitale de Rávena son uno de los mejores ejemplos del arte bizantino.
Las dos representaciones muestran una clara composición frontal a la manera de friso. Los personajes mantienen entre sí una proporcionalidad naturalista y prescinden de la perspectiva jerárquica. Para dotar de una mayor notoriedad a las figuras más relevantes de Justiniano y Teodora, ambos se sitúan más o menos en el eje central compositivo, llevan una túnica oscura y una riqueza superior de complementos, y están coronados por una aureola de santidad.
La concepción de las figuras principales es hierática y rígida, rasgos que están acentuados por los pliegues de la ropa y por la idealización de los rostros.
Ambos mosaicos están dominados por un fondo dorado atemporal que imprime a la escena una mayor sensación de solemnidad. También se puede apreciar una voluntad realista en el hecho de diferenciar el suelo de color verde y colocar en la composición algunos elementos arquitectónicos. En el panel de Teodora, se intuye un fallido intento de perspectiva, porque se ha situado una fuente delante de la puerta de una habitación, cuyo interior aparece detrás de la cortina que abre uno de los personajes.
También se utiliza la perspectiva escalonada o isocefalia (superposición de cabezas de iguales dimensiones) en la representación de los personajes secundarios: soldados y damas de honor.
El cromatismo en ambos casos es muy rico en matices y tonalidades y destaca la variedad de motivos decorativos de algunas túnicas.

Estos dos paneles de mosaico conmemoran las ofrendas de la patena y el cáliz de oro que el emperador Justiniano y su esposa, Teodora, donaron al obispo Maximiliano, en el año 547, con motivo de la consagración de la iglesia de San Vitale de Rávena.
Justiniano va acompañado, a su izquierda, por Belisario, conquistador de la ciudad de Rávena, y el propio Maximiliano, mostrando una cruz, otro religioso con un libro y un tercer religioso con una corona votiva.
A la derecha del emperador se encuentran dos representantes de la nobleza no identificados y varios soldados. Uno de ellos sostiene un escudo con el crismón, símbolo de Cristo en la Iglesia primitiva y medieval formado por las dos primeras letras de su nombre en griego, X y P.

Teodora va acompañada por sus damas de honor, y quizá la que está más próxima a la emperatriz sea Antonina (esposa de Belisario); hay también dos funcionarios.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Pirámides de Gizeh

Título: Pirámides de Gizeh, de los faraones de Keops, Kefrén y Micerinos
Autor: Hemiunu (Kéops)
Cronología: 2551 – 2494 a.C.
Estilo: egipcio
Tipología: tumba
Materiales: bloques de piedra de las montañas del sur de Egipcio
Localización: a las afueras de la ciudad de Gizeh, a 20 km de El Cairo

Las pirámides eran monumentos de carácter religioso construidos para albergar las tumbas de los faraones. Durante la dinastía IV se construyó un magnífico conjunto funerario, la necrópolis de Gizeh, a pocos kilómetros de El Cairo.
La pirámide de Keops mide 233 m. Fue realizada con más de dos millones de bloques de piedra de dos toneladas cada uno. En su interior hay varios corredores, falsas estancias y trampas. Al norte se encuentra la entrada, y de allí sale un corredor que se divide en dos: en sentido descendente, una galería conduce a la cámara subterránea; en sentido ascendente, se accede a la gran galería, desde donde se llega a la cámara de la reina, a la antecámara y a la cámara del faraón, situada en al centro de la pirámide.
La pirámide de Kefrén miden unos 140 m de altura. Igual que la de Keops, estaba revestida de granito rosa y rematada con placas de oro. Junto a esta pirámide se encuentra la Esfinge de Gizeh, probablemente el retrato de un faraón representado con cuerpo de león.
La pirámide de Micerinos es la más pequeña y guarda la misma disposición que las anteriores. En el centro de la pirámide se hallan las sepulturas del faraón y de su esposa, así como los dobles de los difuntos.
Además de contar con un palacio y otras pirámides secundarias que eran sepultura de reinas, este recinto tenía un espacio diferenciado para los artesanos y los constructores, en el que se hallaban también los servicios básicos y las tumbas.



La función principal de la pirámide era la de acoger el cuerpo del faraón junto a sus pertenencias y objetos que le aseguraban la vida en el más allá. Para conseguir la resurrección, el cuerpo del difunto debía mantenerse incorrupto y por ello se llevaba a cabo un complejo proceso de momificación. A lo largo del ritual funerario se procedía a la extracción de las vísceras del cadáver, excepto el corazón con la finalidad de recordar al difunto que no debía mentir cuando compareciera ante Osiris para ser juzgado.

Los órganos extraídos, salvo el cerebro, se guardaban en los vasos canopes, unas jarras en cuyas tapas se representaba a los cuatro hijos de Horus.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Sarcófago de los esposos

La civilización etrusca se desarrolló en la península Itálica, concretamente en el territorio de la actual Toscana, entre los siglos X y II a.C. Este pueblo, de origen probablemente oriental, aglutina la tradición cultural y artística de las civilizaciones del Próximo Oriente y mediterráneo.
El arte etrusco estuvo profundamente marcado por las creencias religiosas. Daba mucha importancia a la vida después de la muerte; por ello tenía la costumbre de perpetuar  la memoria del difunto mediante máscaras de cera del muerto o con las urnas funerarias donde se guardaban las cenizas.

Sólo las familias pertenecientes a la aristocracia disponían de medios económicos suficientes para poder construir sepulcros donde enterrar a sus familiares.
El Sarcófago de los esposos está realizado en terracota. La tapa tiene forma de Kliné (cama); encima, sobre el lecho esculpido, se hallan las figuras reclinadas de un hombre y una mujer en actitud plácida y amable. Él, detrás de la mujer, se presenta fuerte y protector; muestra el pecho desnudo, va descalzo y lleva el cabello tirado atrás y ceñido a la manera del pueblo jónico. La mujer va vestida con una larga túnica griega, lleva unos zapatos acabados en punta y se cubre la cabeza con una gorra frigia bajo la cual asoman unas largas trenzas.
La relación afectuosa entre ellos se transmite a partir de los gestos de las manos. El hombre apoya el brazo derecho sobre el hombro de la mujer, mientras su mano izquierda queda extendida en actitud afable por delante.
Los rostros presentan un claro perfil geometrizante y hierático en el que destacan la forma almendrada de los ojos, la barbilla puntiaguda y la sonrisa estereotipada.
Los pequeños restos de policromía que todavía conservan las figuras, los cojines y los vestidos de este grupo escultórico, hacen pensar que el conjunto estuvo pintado con unos colores muy vivos.
Este tipo de sarcófago tenía la función de guardar las cenizas de la persona fallecida, que eran depositadas en la parte posterior una vez acabado el ritual de incineración.

Se cree que este sarcófago es el de un matrimonio. Los esposos están representados celebrando un banquete, conversando relajadamente. La esposa ocupa el primer término, porque la mujer etrusca no estaba marginada en la vida social, a diferencia de lo que sucedía con las mujeres griegas y romanas, que se mantenían subordinadas al hombre. En la civilización etrusca, la mujer participaba activamente en la vida pública y asistía a fiestas, banquetes y juegos gimnásticos.